Escrito por: Fernando Gracia
Parafraseando el título de uno de sus discos, no se me ocurre nada tan sencillo y a la vez más rotundo para definir la figura de esta artista aragonesa a la que nacieron en Tarragona, pero eso no fue más que un accidente. Aragonesa sin duda alguna y batallando desde hace años por sacar nuestra música de su frecuente ensimismamiento, con lo que esto representa a la hora de concitar opiniones.
Carmen París era conocida desde muy chica en su Utebo por sus múltiples habilidades en el mundo de la música. Inquieta, estudió todo habido y por haber en relación con ese noble arte: piano, guitarra, chelo, canto, armonía y puede que me deje algo. Lo completó con filología inglesa, lo que no le vendría nada mal años más tarde cuando abordó la a priori compleja tarea de fusionar el jazz y la jota. Se hizo un nombre en la comunidad a base de muchos bolos con orquestas y quien suscribe empezó a saber de ella cuando la fui a ver al Teatro del Mercado en un espectáculo que mi olfato me decía que tenía buena pinta.
“Carmen la nuit” era una insólita pieza escrita por Alfonso Plou a medio camino entre el monólogo y el musical, donde “la París” –así la denominaba la gente del negocio- daba a conocer al respetable su facilidad para abordar cualquier género musical que se pusiera por delante. Lo primero que pensé es que aquella mujer podría –debería- triunfar en el mundo del musical, ese género que tanto aprecio.
Y sigo pensándolo. Pero esto no es Broadway ni el West End, a pesar de los últimos espectáculos vistos en la Gran Vía madrileña y a veces girando por España. Y la París siguió picoteando por aquí y por allá esperando dar el golpe. Y lo dio, vaya que si lo dio.
Coherente siempre con su forma de sentir
no solo la música sino también la vida
Poniéndose el mundo por montera, en una demostración de poderío colocó en el mercado un trabajo que definió de forma rotunda con su título: “Pa’ mi genio”. No hacía falta decir más. Con un par, y si dicen “qu’izan”. Unos años sin parar de actuar, no solo en nuestra tierra. Madrid que se le rinde en esos espacios por algunos llamados “alternativos”, pero en el fondo los auténticos lugares donde se oye la música que hace avanzar a la propia música.
“Jotera lo serás tú” -¿hace falta alguna explicación?-, InCubando –homenaje a esa Cuba que le abre los ojos- o finalmente su “Ejazz con jota”, arriesgado como el que más, pero coherente siempre con su forma de sentir no solo la música sino también la vida. Estos son los títulos de los discos en solitario hasta la fecha, aunque habría que añadir sus colaboraciones en trabajos colectivos.
Carmen no se ha limitado en estos años a grabar canciones y pasearlas luego en formatos de diferentes tamaños. Ha actuado con nuestro bailarín Miguel Ángel Berna, ha intervenido en una zarzuela, ha vuelto a poner en las tablas su “Carmen la nuit” con alguna pequeña modificación y en resumidas cuentas ha seguido siendo una artista inquieta, nunca del todo satisfecha no porque no piense en la calidad de su trabajo sino porque su honradez artística le pide llegar cada vez más lejos.
Y yo añadiría, porque puede y sabe. Porque detrás de todo ello hay una preparación y una curiosidad que le hace tener esos ojos tan peculiares siempre tan abiertos y no solo físicamente.
Ella posiblemente no se acuerde, pero me precio de haber compartido escenario. Fue en la Biblioteca de Aragón no mucho antes de su primer gran éxito discográfico. Pablo Lumbreras, ya desaparecido, la convenció para que cantara tres canciones lorquianas en un recital dedicado al que era la gran pasión del amigo Pablo, García Lorca. Y Carmen las cantó tal cual, creo recordar que acompañada a la guitarra por otro artista que no está con nosotros, el maestro Luis Verdú. Aunque lo de la guitarra no me atrevo a asegurarlo. Carmen está capacitada para interpretarlas a capella sin mayores problemas. Igual cuando nos veamos se acuerda y me precisa cómo fue aquello.
Lo que sí aseguro es que tras aquella función mi admiración por ella quedó sellada y el tiempo no ha hecho sino reforzarla. Hasta presumo de vez en cuando de aquello…










No hay comentarios todavía.