Una virtud de las comedias románticas es terminar la narración en el cenit de la relación entre los protagonistas. Por eso es raro que tengan secuelas. Una segunda parte desvelaría el trasfondo de intereses egoístas del que no llegamos a despojarnos nunca.
Esta profunda reflexión, y otras más con las que no os vamos a cansar, han llevado a Rubén Bellido a esta idea que no deja de ser divertida y cómplice con los habitantes de la prisión.
¡Esperamos que os guste tanto como a nosotros!
Carlos Muñoz – Virtual&Civán











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